junio 01, 2013

HE LEÍDO




URRE AROA
SEIS POETAS DE TIERRA NABA
Alfredo Rodríguez

Editorial: Los papeles del sitio 2013

El poeta Alfredo Rodríguez (Pamplona, 1969) nos presenta un nuevo libro: URRE AROA SEIS POETAS DE TIERRA NABA. Es un libro apócrifo, que ve la luz a través de unos heterónimos ocultos en el desván de la memoria, situada en los siglos XV y XVI, en el reino de Navarra.

Tierra de oro, ven a mí, maravilla
de las maravillas, que a tus encantos
tan difícil resulta sustraerse

Alfredo Rodríguez nos muestra a seis poetas que saca del olvido a través de su pluma. Desempolva sus vidas y nos muestra los versos contenidos entre el fuego de Hestia. Nos habla del amor, de la guerra, de muerte, del dolor.

¿A DÓNDE te retiras, Amor, para morir?
fanales he colocado en las torres
de mil puertos, para que mi nave en esta noche
reconozcas. Ocupar el espacio
del enemigo. Al negro piélago iré a expulsarlo.

Poemas topográficos, amplificados, escalonados, suspendido todo en imágenes épicas, líricas, dramáticas. Hay en estos poemas un tono de nostalgia, una alegría de la tierra Naba, un amor oculto, desdichado, consumado. Hay una angustia, una fidelidad, una pérdida y el adiós. Un mundo interior se vuelca en estos versos sosegados, mansos donde se invoca y se encuentra ‘Ella’, la poesía.

De los seis poetas de la tierra Naba, me quedo con INAXIO DE HUVILZIETA (1480-1546), miembro de una notable y significativa familia sefardí refugiada en Navarra tras la expulsión de los judíos de Castilla y Aragón.

A las puertas de Sefarad, el perro

que bebe sangre maldita que mana

del cuello de la Bestia.



Encrespadas laderas y colinas

divisa, a las puertas de Sefarad.



De la tierra bañada por su sangre

nació la vid del sol

en su bello amanecer y su ocaso.

***

No queda de mí nada

Y aun por tres veces quemaron mis restos,

de la soldada de los mercenarios

quisieron conminarme a renunciar.

¿Quién recuerda aquellos años

en que allá donde hallaba

el buen pasto levantaba mi yurta?

Ah, vieja condena de la memoria,

su adarve del castillo

que nunca volvería a trasponer,

lejanas llamaradas

de azufre en el ritual de la cosecha,

Kabbalah que al fin me abre

los secretos del universo, Amor.



Realidad desmaterializada soy,

escultor que resigue con cincel

las líneas dibujadas,

de largo exilio viajero ilustrado

me piden que regrese a los infiernos.



Y hoy cura mi recuerdo

igual que puede matar.