diciembre 04, 2016





Cuatro personas y un coche

No recuerdo nada del día en que se sacó la fotografía. No guardo ninguna imagen de aquél momento, no sé lo que pasó antes, ni después, de cómo llegamos allí ni hacia dónde partimos. No sé nada de ese momento retratado.
Se adivina que hacía viento porque tenemos el pelo alborotado. Hay un coche parado en la pendiente de una colina llena de flores, es un Dauphine azul. Todos estamos en manga corta. Mi madre está apoyada en la parte delantera del coche, casi donde está el faro. Mi hermana está dentro del coche, en la parte trasera, asomada por la ventanilla con los brazos extendidos y yo estoy con mi padre afuera que me tiene cogida de la mano. Los tres en el mismo marco. Los tres alejados de mi madre. Los cuatro mirando hacia el objetivo de la cámara que alguien que desconozco disparó y captó el momento. Años después mi madre murió, y cada vez que miro la fotografía, de la que no sé nada, y la veo alejada de nosotros, percibo en esa separación la ausencia que estaba por llegar.

María Jesús Silva

noviembre 16, 2016




El corazón de palma es en realidad el corazón del palmito. Sin embargo, una vez que a un palmito se le ha extraído el corazón, el árbol ya no puede vivir: se marchita y amarillea y luego muere. Muchas veces cerca de un palo de rosa hay un palmito marchito y seco y muerto, porque le han arrancado el corazón. Sin corazón el palmito no puede vivir. De la parte alta del tronco extraen el corazón. El palo de rosa no puede defender ni ayudar al palmito, y así tarde o temprano el palmito muere, una vez le han quitado el corazón exquisito se marchita y se reseca y se acartona y luego muere. Y lo mismo las mariposas mueren cada noche, pero por la mañana los huevos se abren y las mariposas reemprenden el vuelo. En vez de acostarse, casi todas esas mariposas blancas, azules, rojas y amarillas mueren al ocaso y renacen al alba…

Un lugar tan hermoso Fabrizio Rondolino Editorial Siruela
imagen de la web

octubre 23, 2016



Llaman a la puerta.
Pero los golpes suenan al revés,
como si alguien golpeara desde adentro.

¿Acaso seré yo quien llama?
¿Quizá los golpes desde dentro
quieren tapar a los de afuera?
¿O tal vez la puerta misma
ha aprendido a ser el golpe
para abolir las diferencias?

Lo que importa es que ya no se distingue
entre llamar de un lado
y llamar desde el otro.

Roberto Juarroz
De su libro ÚNDECIMA POESÍA VERTICAL (Editorial Pre-textos)

octubre 12, 2016




Algunos meses antes de que Carol Dunlop muriera, Julio Cortázar escribió un texto sin saber que sería publicado después de la muerte de Carol. Es una parte de los capítulos de Los autonautas de la cosmopista, libro que ambos realizaron juntos y que relata la aventura loca y feliz del viaje entre París y Marsella, sin salir de la autopista...


Osita durmiendo

La Osita desaparece en una atorbellinada confusión de sábanas que, dicho sea de paso, van desapareciendo al mismo tiempo de mi lado de la cama… apoyándome en un codo en el colchón, que es lo último que queda, contemplo enternecido a la Osita y me pregunto a qué profunda necesidad de retorno uterino o algo así responde su empecinado trabajo de cada amanecer. Sé muy bien (porque al principio no lo sabía y tuve miedo) que nada de eso me rechaza, pues me basta rozar con un dedo el paquetito tibio a mi lado para que de sus profundidades emerja un suavísimo gruñido de satisfacción… Alguna vez -ya no- hice la prueba de desenvolverla lo más suavemente posible del capullo, porque tenía miedo de que se ahogara con las sábanas enredadas y las confusas almohadas, y supe lo que significaba separar sus manos de los nudos, lazos y otros flecos que hacían las sábanas entre sus dedos. De manera que ahora me limito a mirarla dormir en su efímera y sin duda atávica hibernación y espero que se despierte sola, que empiece a desenredarse el poco a poco, a sacar una mano, un chorrito de pelo, un culito o un pie, y que después me mire como si no hubiera pasado nada, como si las sábanas no fueran un gran remolino en torno a ella, la crisálida rota de donde asoma mi nuevo día, mi razón para vivir un nuevo día…

Julio Cortázar
De su libro, Los autonautas de la cosmopista, este libro se ecribió conjuntamente con Carol Dunlop